“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.
1 Pedro 2:9
No se puede aspirar a ser un líder de excelencia a menos que se posea un propósito transcendente que lo lleve a permanecer más allá de su tiempo, que, al desaparecer, su obra continué.
El líder de excelencia deberá buscar permanentemente liberarse de ataduras, para descubrir nuevos horizontes, lograr un pensamiento claro, liberar toda su potencialidad, responsabilidad que adquiere para conducir en forma fructífera la realización de sus seguidores.
Cuando el ser humano decide conquistar algo, cuando decide marcar la diferencia y potenciar su ser, desarrollando lo mejor de sus cualidades, deberá pagar el costo a través de una “autodisciplina”, sembrando acciones de cambio personal y nuevos hábitos de excelencia.
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.
Josué 1:9
El líder que aspira a la excelencia debe aprender a amar ilimitadamente, a través de actos, acciones concretas que implican someter sus sentidos y su inteligencia para buscar el bien de los seres que ama.
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”. Juan :13:34

