Muchos jóvenes creen que saben lo que hacen y están convencidos de que sus decisiones son sabias. Sin embargo, la Biblia nos enseña el verdadero significado de la sabiduría, no solo para tomar buenas decisiones, sino también para vivir la vida diaria.
Salomón nos dice que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría. Y es que, desde joven, David su padre le enseñó la importancia de prestar atención para adquirir sabiduría. Pues los insensatos desprecian la enseñanza y, por lo tanto, desprecian la sabiduría.
Proverbios 9:10 afirma que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. No se puede adquirir sabiduría sin Cristo, ya que en Colosenses 2:3 se nos dice que en Él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.
Timoteo, también joven, se destacaba por su dependencia de la Biblia, como lo menciona el Apóstol Pablo en su segunda carta, capítulo tres. Pablo escribe que Timoteo ha conocido las Sagradas Escrituras desde su niñez, las cuales lo hacen sabio para la salvación a través de la fe en Cristo Jesús.
La Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia. Esto significa que cuando estamos inspirados, estamos llenos de Dios y su Palabra, para que el joven de Dios esté preparado para toda buena obra.
Dios nos va conduciendo para ser como El, para que estemos preparados para hacer toda buena obra. Además, la sabiduría y el conocimiento deben provenir de la Palabra de Dios, no de otra parte. Sin embargo, la verdadera sabiduría no llega fácil ni tampoco automáticamente.
Hay que recibir y guardar, hay que escuchar y estudiar, hay que pedir y orar, hay que buscar tanto del Señor como de su Palabra. Entonces y solo entonces, Dios otorgará conocimiento, entendimiento, inteligencia y sabiduría que es lo principal.

