Por eso, amados hermanos míos, todos ustedes deben estar dispuestos a oír, pero ser lentos para hablar y para enojarse, porque quien se enoja no promueve la justicia de Dios (Santiago 1:19-20).
Cuando estamos enfadados, nos olvidamos de usar la sabiduría, que no es ni más ni menos que usar el sentido común. Sin embargo, es preciso:
Elegir nuestra estrategia.
- Interrogar el enojo: En ese instante que no te soportas ni a ti mismo pregúntate por qué estás enfadado y si vale la pena que te enfades por ese motivo.
- Dejar salir el enojo: Debemos dejar salir el enojo y la ira: si no los tratas a tiempo y reviertes la situación, en algún momento se exteriorizarán bajo el disfraz de un dolor de cabeza o de estómago o de huesos.
- Expresarlo en palabras: No debemos guardarnos el enojo, sino que debemos hablar de lo que nos molesta y hacerlo de manera constructiva. ¡Este es un punto clave!
- Elegir el momento y el lugar: Si hay alguien enojado, es mejor salir de ese sitio. Cuando veas a una persona enfadada, no le digas que se calme, porque su reacción será siempre ponerse peor. Cuando veas a alguien enfadado, dile que prefieres irte porque te estás empezando a enojar y no quieres hablar así.
- Buscar más información: Muchas veces nos enfadamos por nuestros prejuicios o porque nos apresuramos a juzgar a alguien. Dice la Biblia que quienes son sabios tardan en dar rienda suelta al enojo. No te precipites en tus interpretaciones.
- Hacer que nuestro cuerpo también deje de pelear: Hay personas que han dejado de pelear mentalmente, pero siguen peleando en su cuerpo. Si salimos de una situación estresante, es importante desconectar en todo sentido y generar la descarga de energía necesaria caminando o realizando alguna actividad que nos disperse.
Aplicación Teoterápica
A medida que Dios iba creando el mundo decía: «Es bueno.» ¿Por qué decía eso? Porque estaba aprobando lo que creaba y, con la frase «es bueno», daba fuerza y firmeza a su creación. Pero cuando Dios creó al varón y a la mujer, no dijo eso, sino que dijo: «Esto es muy bueno», con lo cual nos estaba diciendo: «Vosotros sois lo máximo, vosotros lo mejor.» Nos estaba reconociendo como la perfección de su creación.

