“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. (Filipenses2:3-4)
El Matrimonio fue diseñado por Dios para ser la experiencia más feliz, plena y realizarte de nuestras vidas.
No se debe permitir el beneficio personal solo de un miembro de la familia, para cualquier decisión se debe considerar el beneficio del grupo familiar. A través de la unanimidad.
El matrimonio que se basa en el egoísmo está condenado a fracasar. El que se casa para obtener riquezas, prestigio o un estatus social, ciertamente quedará decepcionado.
Mas para el que se casa para dar felicidad, o para prestar servicio, y que vela por los intereses de la pareja y luego de la familia, habrá buenas posibilidades de un matrimonio feliz.
Los nutrientes más importantes para la unidad y el amor son: la consideración, la amabilidad, la cortesía, las expresiones de afecto, los abrazos que denotan aprecio, la admiración, la satisfacción, el compañerismo, la confianza, la fe, el esfuerzo mutuo, la igualdad, la interdependencia, y la unanimidad.
En un matrimonio cristiano, debe existir una unión de la mente, así como del corazón.

