El encontrar un compañero para vivir esta vida conyugal, puede llevarnos a experimentar el sentimiento más satisfactorio y placentero al que la mayoría de las personas aspiran.
Compartir objetivos y llevar adelante una familia de éxito con el esposo/ esposa, es una tarea difícil en estas épocas. En especial si alguno de ellos no comparte la visión que Dios nos ha dado para conformar nuestro Matrimonio.
Ya que en la unión matrimonial no es solo lo físico, y emocional que se unen; por el contrario, involucra nuestro espíritu y el compromiso hecho delante de Dios de vivir ese complemento en fidelidad, respeto y equilibrio, hasta que la muerte nos separe.
Recordemos que ahora en Cristo somo templo de su Santo Espíritu, y por ello cuando nos unimos con alguien que no tiene la misma visión sobre los principios que rigen nuestro accionar, estamos vendiendo o negociando nuestros principios.
El enemigo es muy astuto en llevar rápidamente a que las emociones entren en desequilibrio o usar pasiones y debilidades para tentar a cualquier cristiano.
“ No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
(2 Corintios 6:14-15)

