«El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos».
(Proverbios 13:22)
En un mundo que cada vez se aleja más de los principios divinos, los padres cristianos enfrentan el desafío de levantar una descendencia que viva conforme a la Palabra de Dios.
No se trata solo de tener hijos buenos, educados o exitosos según los estándares del mundo, sino de formar hijos que amen a Dios, le obedezcan y vivan bajo su dirección.
La Biblia enseña que los hijos son herencia de Jehová (Salmo 127:3), y como tal, debemos cuidarlos y guiarlos con sabiduría espiritual. Proverbios 22:6 nos exhorta: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Esto requiere una enseñanza constante, basada en el ejemplo, la oración y la disciplina.
Levantar una descendencia bendecida, significa enseñarles desde pequeños quién es Dios, qué espera de ellos y cómo deben vivir para glorificarlo. Es vivir en casa con una fe viva y práctica, que transforme el carácter y forme convicciones firmes en los hijos.
La generación futura necesita padres comprometidos con la verdad.
El peligro es vivir con maldiciones generacionales provocadas como consecuencia del pecado dentro de una familia. Se refleja en problemas que surgen generación tras generación, debido a pecados recurrentes, en los antepasados.

