El Camino A La Restauración

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 “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. (Colosenses 3:13)

La reconciliación supone la recuperación de la relación entre los conyugues. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere del enojo y renuncie a culpar a mi cónyuge por el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una restauración.

Dios tiene el poder para restaurar nuestros corazones por más lastimados y heridos que estén.

Entonces, ¿qué debemos hacer nosotros? ¿Cómo podemos involucrarnos en este proceso?

Primero que nada, nuestro deber como hijos de Dios, es arrepentirnos, pedir perdón a Dios y al conyugue o la persona que hemos ofendido.

En Mateo 3:8 nos dice:Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.

Ahora bien, el apóstol Pedro nos deja un principio de gran bendición y es el amor, el cual cubre multitud de pecados.

En 1Pedro 4:8 nos dice:  “Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados”. (1 Pedro 4:8)

Cuando creemos firmemente que el amor no tiene nada que ver con una emoción ni un sentimiento, sino con una decisión de buscar el bien del otro, un trato sacrificial, entonces el Señor puede ayudarnos a que, mediante ese amor, se cubran los pecados y haya restauración.