“El que halló esposa halló el bien, y alcanzó la benevolencia del SEÑOR”.
(Proverbios 18:22”
El matrimonio como sacramento en la fe cristiana, es una unión sagrada que refleja el amor de Cristo hacia su Iglesia. Este sacramento no solo crea un vínculo entre los esposos, sino que también los llama a servir y amarse mutuamente a través de la santidad. La gracia que se recibe en este sacramento fortalece la unidad indisoluble entre los cónyuges, ayudándoles a vivir su amor de manera plena y comprometida.
Es el acuerdo libre y mutuo entre el hombre y la mujer para unirse en matrimonio. Este consentimiento debe ser consciente, pleno y libre de coacción.
En el caso del matrimonio, la materia son los esposos mismos; es decir, son los propios cónyuges quienes, con su unión y compromiso, deciden respetarse y formar una familia.
Ambos deben tener la intención de contraer matrimonio, ambos deben establecer un vínculo matrimonial duradero, abierto a la procreación y a la educación de los hijos.
Dios quien estableció el matrimonio, tiene las herramientas adecuadas para hacerlo funcionar. La institución del matrimonio estuvo en la mente de Dios desde el comienzo de la creación, por lo tanto, se considera una institución sagrada.

